jueves, 27 de marzo de 2008

MONOTONÍA PESIMISTA vs MONOTONÍA OPTIMISTA

Monotonía. Siempre lo mismo. Como cada día, llegarás a casa, dejarás el abrigo sobre la silla de ébano labrado en Alemania, y abrirás la nevera para coger el embutido y hacerte el bocadillo de todos los días. Monotonía. Te sentarás en el sillón con el bocadillo de chopped y la coca-cola, encenderás la televisión y comenzarás a escuchar las terribles noticias que ni siquiera quieres escuchar, noticias sobre muertes, destrucción y guerras. Aún así, como cada día, te quedarás embobado mientras le das mordiscos al bocadillo y bebes sorbos de refresco. Monotonía.

Pelusín vendrá al sillón y se sentará sobre tu regazo, dejandote el pantalón recién lavado lleno de pelos blancos y grises, como blanco y gris estará el cielo cuando mires por la ventana del salón. Monotonía; demasiada monotonía.

Pensarás, como todos los días, que algo tiene que cambiar en tu vida pero, como todos los días, no harás nada al respecto. Siempre tendrás las mismas cosas en la cabeza; siempre el mismo desorden en tu hogar; siempre ese sentimiento de abatimiento que te envuelve cada vez que te miras al espejo, cada vez que te afeitas, cada vez que comes. “No, esto no puede seguir así” pensarás, pero, como siempre, no harás nada; solo pensarás.

MONOTONÍA SUPERADA :)

Monotonía. Siempre lo mismo. Como cada día, había llegado a casa, dejado el abrigo sobre la silla de ébano labrado en Alemania, y abierto la nevera para coger el embutido y hacerme el bocadillo de todos los días. Monotonía. Me había sentado en el sillón con el bocadillo de chopped y la coca-cola, había encendido la televisión y comenzado a escuchar las terribles noticias que ni siquiera quería escuchar, noticias sobre muertes, destrucción y guerras. Aún así, como cada día, me había quedado embobada mientras le daba mordiscos al bocadillo y bebía sorbos de refresco. Monotonía.

Pelusín había venido al sillón y se había sentado sobre mi regazo, dejándome el pantalón recién lavado lleno de pelos blancos y grises, como blanco y gris estaba el cielo cuando había mirado por la ventana del salón. Monotonía; demasiada monotonía.

Pensaba, como todos los días, que algo tenía que cambiar en mi vida y, como todos los días, aún no había hecho nada al respecto. Me había percatado de que tenía las mismas cosas en la cabeza; había el mismo desorden en mi hogar; tenía ese sentimiento de abatimiento que te envuelve cada vez que me miraba al espejo, cada vez que me afeitaba, cada vez que comía.

“No, esto no puede seguir así” había pensado unos segundos antes, y fue entonces, como una chispa seguida de un fogonazo de luz, como un relámpago sin tormenta, cuando algo cambió definitivamente en mí. Ya no era la misma, no me sentía la misma. Algo ha cambiado muy profundamente y me siento bien. Me siento muy muy bien. Me siento cada vez mejor y mejor. :)

Julio Chinea Hernando
www.relatosparaelalma.blogspot.com